Cuentos del Conejo III

Están de suerte, mis queridos lectores, les toca de a dos relatos, así que, disfrútenlo y recuerden comentar si les gusta o no, además de seguirme en las redes sociales

Un momento de silencio y ella, aprovechando la situación, salió, no sin antes, observarme.

-Tengo que irme- dijo con un fuerte suspiro

Mi corazón latió con alegría y misterio, ya que durante la velada no me había apartado de su lado y en sus ojos vi un gran destello oculto y contraponiéndose, una intimidad que apenas era perceptible, desconocida para mí en ese entonces. Presintiendo por el tono con que lo dijo, con angustia y pena, que ya se debía marchar, mi sentido común me indicó que algo oculto su mensaje tenía, como si supiese que le iba a acompañar.

-¿Usted también?- preguntó, como si afirmara.  Entonces, usted me acompañará- añadió de paso y al no poder continuar con su mala actuación, sonrió mirando alrededor.

Recogiendo con ligera y habitual su flexible y delgado movimiento de su mano, recogió la falda negra que vestía.

Con una gran sonrisa en su joven y fino rostro, ojos y cabellera negra, tanto, que su collar de perlas y los pendientes brillantes de timidez, reflejaban a una muchacha, una chica que ama por primera vez en la vida.

Y mientras le daban recuerdos para con su pasado, y luego, en la antesala le ayudaban a ponerse su abrigo, yo impaciente, los segundos contaba, temiendo que alguien más nos llegase a interrumpir.

Finalmente, la puerta que se abrió hacia un oscuro patio, por un instante, un rayo de luz se desvaneció suavemente. Venciendo los nervios y con extraordinaria agilidad que recorría mi cuerpo al unísono, tomé su mano mientras bajábamos los escalones.

-¿Usted ve bien?- preguntó mientras intentaba mirar el suelo a sus pies.

Por segunda vez en poco rato, pude sentir en su voz, el íntimo animo que me diera.

Pisando hojas y charcos de agua, jugueteando conduje sus pasos por el patio, donde las acacias desnudas que sonaban cual rugir, ensordeciéndonos, como los aparejos de un buque que es sacudido por el viento frío, húmedo y congelante tempestuoso del Sur, de una noche del mes de Noviembre.

Tras la cancela brillaba un farol de un carruaje. Miré la cara de mi compañera, quien, sin darme respuesta, tomó con su mano enguantada una de las barras de hierro de la puerta, abriéndola de par en par sin ayuda. Avanzó hasta el coche sentándose. Con agilidad y rapidez, a su lado me senté. “Accidentalmente” un tierno beso le di en la mejilla, producto de la inercia que llevaba, sonriendo complacida.

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Cuentos del Conejo II

Estoy de vuelta con un micro relato, que se suponía era diario, pero bueno, algunos contratiempos, pero aquí está su dosis de Yuri

Todos los días me levantaba con la esperanza que fuese distinto, con buena y renovada actitud, pero siempre ocurría lo contrario.

Desesperada, desganada con el pasar de los minutos. Una nube gris se cernía sobre mí. Le recordaba siempre, a mi tormenta, mientras yo era simplemente una llovizna.

Un huracán es como lo describiría. Fuerte, intenso, destructivo, pero hermoso, natural, causando desastres que luego intentaba reponer. Caía y se levantaba para demostrarme y a sí mismo lo que valía.

Me limitaré a decir que nos conocimos por casualidad (aunque ya no crea que haya sido por eso, pues no existe), mientras tenía una vida un tanto agitada, yo era un poco aburrida. Salía con amigos sí y tuve algunas relaciones sexuales, primero por amor, luego, ya no sé, supongo que por placer.

Al conocernos, no sabía nada de mi pasado que intentaba borrar, eso que me marcó y me hundió por unos instantes y estaba en la oscuridad total, similar al fondo del mar.

Hablando del océano, era misterioso, muy adaptable y cambiante a la vez, rodeado de una luz que yo he envidiado tener. En un principio, nuestra relación era simplemente de amistad, tocando temas muy por encima y ayudándole con algunos asuntos que tenía.

Todo escaló muy rápido, pues en una ida al cine, nos besamos, a pesar de saber que ella salía con alguien más, lo disfruté.

Mis sentimientos fluyeron y empezaron a amarle, a preocuparme por su bienestar, tanto, que cuando supe que tenía una enfermedad terminal, estuve a su lado. Fui la única que lo estuvo.

-Te amo- le comenté mientras las nubes de tormenta rodeaban a la ciudad y rugidos, fuertes e imponentes como los de un león se escuchaban.

-Y yo a ti. Siempre te he amado, pero nunca te lo había dicho, por miedo a perderte- contestó, mientras estaba recostada en una cama, con ayuda de máquinas para respirar.

-Discúlpame que me haya tardado demasiado en decírtelo. Si lo hubiera hecho antes, habríamos disfrutado más cosas, como ir a museos, a cines para besarnos. Llevarte a conocer a mis padres y la zona donde vivo, pues hay un hermoso lago con cisnes y patos y diversas especies animales que viven ahí- dice dándome un besito, mientras toma mi mano, al tiempo que cierra lentamente los ojos y queda en un profundo sueño, que muchas personas envidiarían.

Al saber que el destino está fijado, acaricio su cabellera. Lágrimas y lamentaciones salen de mí ser, gritos de desesperación y negación se hacen presentes, mientras unos ángeles hacen lo posible para reanimarla, para que viva unos instantes más a mi lado.

Su lucha de años contra ese padecimiento, la dejaron muy débil y…

Caí en depresión tras su pérdida. Me emborrachaba y buscaba escapes nada sanos para evitar lidiar con el dolor de ya no tenerla a mi lado. “Le amé demasiado, en verdad la amaba”. Esas palabras se repetían una y otra vez sin darle significado a lo que en verdad quería decir o hacer.

Años y años pasaron y yo hundida en mi círculo. Hasta que un día; bueno, una noche, todo cambió.

Recostada en mi cama, viendo por el celular, varias imágenes de nuestra juventud, fatigada y molesta con el mundo, tuve un precioso sueño, donde la vi. Su rostro reflejaba mucho más pesar y preocupación que el mío, cansancio, pero a pesar de ello, mucha paciencia y sobretodo, amor del más puro e inocente, como el de un padre hacia su hijo.

Comencé a llorar de nueva cuenta, disculpándome con ella, por no haber hecho algo más de mi vida.

-Tonta- mencionó dándome un tierno besito. –Aquí ya estás bien, estás a salvo. Todos tus sufrimientos se han ido y ya podemos estar juntas para siempre. Cuando renazcamos, te buscaré y me aseguraré de que en verdad lo estemos, pero tú también búscame, así habrá valido la pena todo ese tiempo alejadas- me dio un tierno beso en los labios, mientras nos elevamos por el cielo azul lleno de nubes blancas y puras, como un niño recién nacido.

La policía y peritos entran en mi habitación, viendo la silueta de una joven de cercanos los veinticinco años, de cabellera larga oscura que cubre su pálido, ojeroso y sonriente rostro, junto a unas botellas de alcohol y una vieja fotografía.

Resultó que la bebida, los cigarros y algunas pastillas que me auto receté, ayudaron a un soplo que tenía en el corazón desde mi infancia; aunque muchos relacionen que fue por ese vicio, los forenses dictaminaron que fue un infarto al miocardio, debido a que en la prueba toxicológica, era como si nunca hubiera consumido algo de eso, lo que hizo que por fin, me reuniera con mi princesa tras mucho tiempo de estar separadas físicamente.

Hace mucho frío y me dirijo con rumbo a la secundaria. El año es el 2010, diciembre de ese año. Suspiro pesadamente mientras acomodo la mochila sobre mis hombros para continuar con mi camino.

Una chica de mi edad, quien usa el mismo uniforme del colegio donde asisto, se encuentra en piso recogiendo unas cosas que se le cayeron. Intenté ignorarla, pero algo me hizo acercar para ayudarle, siento algo que me  hace vibrar.

Ella es de corta cabellera marrón claro, ojos verdes y de piel blanca, usando unas pequeñas gafas color gris, que le dan mucho brillo a su rostro.

Ambas nos vemos por unos instantes, confundidas al principio, pero a la vez, sumamente sonrojadas a pesar que antes ni la palabra nos habíamos dirigido; es más, desconocía que íbamos a la misma escuela. Por inercia y sin que nadie estuviera a nuestros alrededores, me lanzo sobre ella, besándola.

Nos separamos de inmediato, mientras nuestros corazones laten y el viento mueve con mucha suavidad el uniforme que usamos. Parece que una de las dos va a emprender la famosa “graciosa huida”, pero como si de una jugarreta del destino se tratase, escucho que alguien comenta “que bueno que me encontraste, amor mío”.

Veo que sonríe y como si supiera que hay algo más entre nosotras de vidas pasadas, toma mi mano y la besa.

Recuerdos de alguien en el hospital, dando un cariño a esa misma parte de mi cuerpo. Es muy breve, tanto que caigo al piso llena de asombro e incredulidad.

-Al fin te encontré- digo de forma inconsciente.

Su rostro denota una tranquilidad y seguridad pasmosa,  aunado a que alegría está de oreja a oreja. Toma mi mano y continuamos con rumbo a la escuela, para retomar nuestra promesa que hicimos aquella vez, en el otro lado del velo.

Te amo.

Y yo a ti te amo, mi princesa.

Novela primera parte

Hola a todos y todas, sean bienvenidos a esta nueva etapa de Natsu 8 Descarrilado. si se preguntan porqué el número ocho, en realidad es el simbolo “&”, pero por cosas de la página y el diseño de la misma, se cambio al 8, porque era lo más parecido.

 

Pero bueno, aquí les dejo la primera parte de una novela que comencé a escribir recientemente y quiero compartirla porque sí.

Espero la disfruten y que les guste.

 

 

1

Siempre le he estado cuidando, he estado a su lado. Me gusta su presencia, su físico, su inteligencia, incluso de su torpeza.  Sus nulas habilidades artísticas suelen ser compensadas por su trabajo en el hogar.

Sus calificaciones son promedio, ya que es alguien quien, pareciera cliché, es desconocido para el mundo, buscándose internamente y luchando por su lugar en el mundo.

No se suele dar a conocer en público, no habla frente a las multitudes y cuando hay exposiciones, esa clase prefiere desaparecer, como si de un espíritu se tratase.

Es buena persona, pero muy incomprendida y eso me gusta.

Realmente, debo admitir que yo no le gusto, ya que se suele enamorar de otras personas.

Desde las sombras y a pesar de mi dolor, le apoyo.

Esto del amor es sencillo, pero complicado. La pena que embarga a uno es tan grande, que se queda sin palabras ante la persona que ama. Tan fácil que es decir “te quiero” o “te amo” o siquiera un “hola, buenos días”, pero es difícil, puesto que tienes que sentirlo y no decir esas simples palabras por obligación.

Nunca me ha visto de esa manera y me duele, pero lo que es más doloroso es el hecho de verle triste y agonizante pues su sufrimiento, a mí me afecta.

Puede sonar repetitivo hasta el momento, pero es la verdad. Le amo, quiero estar con esa persona siempre. Pero no me animo a decirlo. Siempre seré alguien cercano para ella.

Nos conocemos desde hace varios años y fue amor a primera vista para mí, ya que lucía de forma espectacular y a pesar de los intentos de nuestros entonces compañeros por acercarse, se negaba amablemente.

Ha estado “solo”, no completamente, porque hay personas a quienes les habla sin temor alguno.

Mide 1.60 de estatura, algo pequeño en comparación con los demás, su cabello castaño claro, su rostro parece el de un muñeco de porcelana, fino y blanco, asemejándose a la nieve.

La mirada es tranquila, pues sus ojos son del mismo tono que su cabellera. Su cuerpo es delgado y aunque siempre esté comiendo no sube de peso. El sueño de todos.

Debido a lo ya antes mencionado de su timidez, ha sido rechazado innumerables veces. Puedo decir que ostenta el record, puesto que no pasa más de un segundo cuando está frente a alguien declarándosele y esta se llega a negar.

Aunque en muy raras ocasiones sucede lo contrario y tiene una tarde maravillosa, donde se olvida del estrés del mundo y también de mí.

Mentiría si digo que no me importa eso, ya que soy quien de verdad le conoce, como si nos tratáramos de hermanos.

Que palabra tan rara “hermanos”, pues es una de las únicas que describen a detalle nuestra relación. Claro, está el hecho que una vez en la escuela, vi que estaba peleando con alguien y su hermana llegó a defenderle.

Es sumamente inteligente y observador, algo flojo también, ya que siempre en las pruebas finales, sacaba buenas notas que le permitían estar el siguiente año y repetir el ciclo una vez más.

He observado sus caídas y como se suele levantar, aunque solo sea durante un par de días, pues su pleito es que le importa es estar con alguien que de verdad le corresponda como merece.

Naturalmente, yo estaba a su lado en todo momento. Hablando mucho, puesto que éramos muy cercanos, como uña y mugre. De ahí, el término que nos pusieron en la escuela fue ese, el de “hermanos”.

La palabra en sí, en un principio no me molestaba, pero eso se le fue metiendo más y más en la cabeza e inevitablemente, me fue tratando como uno. A pesar de eso, yo seguía ahí, animándole y dándole palabras de apoyo.

En realidad, nuestra relación era como la de verdaderos amantes sin necesidad de declaración. Algo prohibido por muchos, pero natural para nosotros.

De esa forma, pasó la preparatoria. Hemos cambiado mucho en estos años, pero nuestra rutina sigue siendo la misma.

Vivir muchas aventuras, peleas, lágrimas y risas.

Nos hemos alejado un poco actualmente, puesto que la universidad y su trabajo de medio tiempo, le tienen sin mucho margen de maniobra para conmigo.

Está bien, tiene que aprender a que no estaremos juntos siempre. Aunque tal vez, deba ser yo quien de verdad entienda eso.

Noches sin dormir por esperar su mensaje, detenerme por pensar que está durmiendo. Días sin mucha charla que no pasa del “hola, buenos días”. Todo es rutinario, pero esa rutina me encanta, porque es con esa persona.

La he estado cuidando desde hace muchos años. Es imaginativo y placentero el recordar cuando llegábamos a hablar. Nos conocemos muy bien. Era reconfortante estar a su lado.

Cuando nos comunicamos, soy el ser más feliz del mundo, no quiero que eso acabe, pues quiero conocerle más, tratando de no extralimitarme, puesto que cuando lo hago, suele ser incómodo para los dos y más nos alejamos.

Tengo fotos en mi celular que guardo con gran ahínco, como si de un tesoro se tratase.

“Desde hace mucho no me manda una foto suya”, pienso al tiempo que reviso el móvil una vez más.

“Creo que ahora le mandaré una yo, pero, no sé si esté en casa o haya salido con sus amigos”.

La primera vez que le vi, yo estaba saliendo con alguien. Me quedé prendido de esa persona, tanto, que después de invitarle al cine, le robé un beso.

Eso nos encantó a los dos, pero a la vez, nos preocupó porque, como mencioné hace un momento, estaba saliendo con alguien muy cercano para esa persona.

Las semanas pasaron y salíamos cada vez más. Nos intentamos dar un tiempo, que no duró más que unas horas, puesto que ambos queríamos y deseábamos estar juntos.

Nuestro reencuentro fue fugaz y directo, besándonos bajo la torrencial lluvia que caía en el bosque.

Todo era color de rosa y muy cursi en cierto sentido.

Es el paraíso estar a su lado.