Cuentos del Conejo IV


Sean bienvenidos de nueva cuenta con un nuevo micro relato que realicé en clase y recibió buenas críticas. A diferencia de ocasiones anteriores, éste no es yuri, ¿Qué clase de brujería es esta?

 

En el  caminar firme por las calles frías y ruidosas de la ciudad, él, que con paso apresurado, observó el incesante vaivén de las personas, similar a las olas de mar, y como los vendedores ambulantes y trabajadores de diversas ramas empresariales. En el ambiente se respiraba el agradable aroma fresco de las seis de la mañana.

Un señor de muchas primaveras sobre sus hombros, al recostarse en la cama de su hogar por última vez; sí, en esa cama dura, similar a la de un faquir, el molesto ruido de un mosquito, el cual volaba por los alrededores, como un ave de rapiña. “Nunca como ahora, pensé en mi agradable y angelical final”.

Al desandar sus recuerdos hacia un pasado lejano y grisáceo, el pueblo montañoso de fresco aire, flores de diversos colores, los amores de su vida, risas, alegrías, tristezas y amargas lágrimas. Él, en sus días mozos, el alimentar a los animales inquietos, salvajes y hermosos animales del bosque, con el sol y la sombra de esta gran estrella azul. Corre por el bosque, libre, con la luz y sin un significado claro para su vida.

“Baja al pueblo con tu cálida y amena sonrisa de ángel”, palabras de su abuelo, aquel hombre de larga barba blanca y ojos perdidos en la inmensidad de la vida y la muerte, sabio entre los sabios del pequeño lugar, pues al abrir la boca, su amabilidad y energía eran tal, que me es imposible fingir demencia, incluso ahora.

Conservar esas palabras al día de hoy, que estoy a punto de un largo viaje después de esta vida; un lago cristalino, con patos, cisnes y otras aves acuáticas fingen una armonía efímera y lacrimosa, de aspecto muy similar a la sociedad humana. El paraíso o el infierno.

Despojarse del alma, el cuerpo inerte, de hombres, mujeres, niños y ancianos, en una pequeña y brillante ventana, el hilo de la vida, con un beso desbalanceado, parecía que las lágrimas y tristezas del corazón, con cada paso lento al nido del inicio del amor.

A esa persona amada en mi vida, recibir su amable bendición, entre nuestros brazos y con la espectacular y redonda luna sobre nosotros, ¡Dios! Que agradable.

Cada paso extender nuestro andar a la luz, incesante y firme.

Bebía con lágrimas en los ojos y sonrisas en el rostro, en la noche más triste y alegre de toda mi vida, mientras en un sueño profundo y distante de esta tierra, lejos de la vista de mis ojos físicos; calles de lava y agua, comida para los cuervos y otros animales.

Soñando un sueño imposible, infranqueable reflejo en los primeros minutos del día y la noche. Dios, en aquellos tiempos y recuerdos inamovibles, caer fue mi última opción y alegre deseo al final del tiempo donde la cálida luz solar, cual agente o guía del mismísimo Creador del cielo y la tierra, el corazón de una llama ardiente a una oscuridad muy negra.

See´ya 😀

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