“Milenio censura columna de Epigmenio Ibarra Titulada ¿Por qué hemos de aceptar la imposición?”

Hola gente, buenos días, tardes o noches dependiendo de la hora en que estén viendo este post. Para empezar, comenzaré diciendo que este pequeño espacio de cuentos, relatos y demás no está exento de llegar a poner alguna que otra noticia de interés público, aunque no siempre sea el caso.

Esta nota me parecio interesante, puesto que la censura es uno de los medios en que se puede mantener controlado a la sociedad y solo la pongo para que ustedes se formen su propia opinión, no solo del tema en cuestión que son las elecciones presidenciales en México, sino de (como mencione hace un momento), la censura que podemos llegar a vivir en algún momento de nuestras vidas.

Solo pongo esta nota para su conocimiento público, deslindando a la página y a Natsu de cualquier comentario o replesalía que se llegue a poner aquí, solo dando a conocer esta nota (como he venido diciendo en estas líneas).

http://www.el5antuario.org/2012/07/milenio-censura-columna-de-epigmenio.html

El portal lanuevarepublica.org publicó el texto de Epigmenio Ibarra señalando que la columna fue enviada por Ibarra ayer por la tarde a Milenio.

“Muy caro pagó el país haber aceptado que, luego de unas elecciones viciadas de origen, llegara al poder Felipe Calderón Hinojosa.
Rasgaron entonces sus vestiduras los medios, las buenas conciencias, los poderes facticos. Quienes resistimos fuimos tachados, como hoy, de necios, de resentidos, de revoltosos.
Al final, “haiga sido como haiga sido”, se instaló en el poder un hombre que no fue elegido por la mayoría de los ciudadanos. Al final la democracia mexicana sufrió un golpe casi mortal.
Sólo la tenacidad de Andrés Manuel López Obrador la mantuvo con vida al conducir la resistencia dentro de los límites de la legalidad institucional.
Como Cuauhtémoc Cárdenas, en el 88, López Obrador no cayó en la tentación de promover la insurrección. Puso al país y a la paz por encima de sus intereses personales y partidarios.
Fue, paradójicamente, el que lo tachaba de ser “un peligro para México”; Felipe Calderón el que ensangrentó a México.
Para legitimarse lanzó al país a una guerra insensata contra un enemigo que, hoy por hoy, está más fuerte que nunca.
¿Vamos a permitir que suceda otra vez?
¿Cuál será el costo que deberemos pagar los mexicanos si llega al poder, pese a todas las irregularidades registradas en el proceso electoral, Enrique Peña Nieto?
¿Por qué, me pregunto, debemos aceptar la imposición?
Aunque Peña Nieto lo niegue y los medios nacionales, salvo honrosas excepciones, lo callen lo cierto –y sobran las evidencias- es que el PRI realizó una gigantesca operación de compra de votos.
Luego de excederse en los límites legales de gasto de campaña el PRI y Peña Nieto consideraron que al bombardeo propagandístico había que reforzarlo comprando los votos de centenares de miles, quizás de millones de mexicanos.
Fue tan grande la operación que no pudieron borrar sus huellas.
Huellas que la autoridad se niega a seguir pese a que, quizás, se configuren ahí otra serie de delitos (lavado de dinero, asociación delictuosa) pero que los ciudadanos no perdemos de vista.
Nunca antes tantos millones habían observado, como lo hicieron hoy, articulando sus esfuerzos a través de las redes sociales, una elección.
Nunca antes se habían acumulado tal cantidad de videos, testimonios, fotografías que documentan la compra del voto.
Nunca habían circulado tan profusamente dichas evidencias y jamás habían sido conocidas por tantos millones de personas.
De las redes esta información ha saltado a las páginas de la prensa internacional. Hoy mandatarios extranjeros que se apresuraron a reconocer a Peña Nieto se ven exhibidos por esos medios.
Cayeron estos mandatarios víctimas de la operación montada por Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri, el presidente del IFE Leonardo Valdés y Felipe Calderón.
Haciendo caso omiso de las denuncias y con un margen ínfimo de votos contados, estos personajes con el apoyo de la TV , dieron por buenas las elecciones y por ganador a Peña Nieto.
De inmediato comenzaron a circular las acusaciones y amenazas; las burlas y descalificaciones contra López Obrador y contra los que lo apoyamos.
“No sabe aceptar la derrota”, “Otra vez se plantará en Reforma”, comenzó a escucharse en la radio y la TV mientras el tono histérico de los “analistas” iba en ascenso.
Olvidan quienes se burlan o condenan la resistencia a la imposición que impugnar las elecciones es un derecho y que, habida cuenta de las irregularidades registradas, es un deber ciudadano.
La derrota no la ha sufrido López Obrador. Los derrotados hemos sido todos nosotros, hayamos votado por él o no. La derrotada es, otra vez, la democracia mexicana.
Se han burlado de nuevo de nosotros esos que durante décadas hicieron del fraude y la corrupción el sello distintivo de la “democracia” en nuestro país.
Al pasado nos encaminamos desde la misma campaña electoral y en el pasado nos instalamos cuando miles de ciudadanos fueron coaccionados, chantajeados, comprados.
En el pasado comenzamos a vivir cuando periódicos y canales de TV hicieron de las encuestas uninstrumento para torcer la voluntad ciudadana creando la percepción de que la elección estaba decidida.
Con una disculpa quieren hoy medios y encuestadoras cerrar el caso. Como si no hubieran metido las manos en el proceso electoral; como si no tuvieran que dar cuenta de sus actos.
Se le ha robado, a esos que se vendieron, su dignidad. Aprovechándose de la miseria, por unos pesos, doblegaron su voluntad; los humillaron.
También nosotros fuimos humillados. También nuestra dignidad ha sido pisoteada.
Callar, en estas condiciones, es conceder y conceder es traicionar.
Nunca llamé, nunca llamaré “presidente” a Felipe Calderón. Tampoco puedo hacerlo con aquel, que como Peña Nieto, pasando encima de la ley, atropellándonos, quiera sentarse en la silla.
No debe ser la TV, no debe ser el dinero el que decida quien habrá de gobernarnos. Sólo con los votos mayoritarios; libremente emitidos, escrupulosamente contados, puede alguien acceder al poder.
No podemos, so pena de perdernos, de hacernos cómplices de un crimen de lesa democracia, permitir la imposición sin pelear, dentro del marco legal y de forma pacífica, con denuedo y determinación.
Nos lo debemos. Se lo debemos a nuestros hijos. A este país ensangrentado y roto que debemos rescatar y cuya democracia debemos construir.”

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Los 7 cuentos de (tu) cumpleaños 6- La princesa y el conejo… ¿4?

Hola gente, buenos días, tardes o noches dependiendo de la hora que esten leyendo este post de su escritor adorado y querido, pero que se tarda mucho en poner algo en estos lares. Bueno, a lo que vengo, hoy después de mucho, mucho tiempo que no coloco un cuento o algo decente (eso y porque he andado un poco movido con asuntos de otras indoles :$)…

Les taigo la 6a parte de la serie de cuentos de (tu) cumpleaños, que en teoría debería de haber acabado en marzo pasado, pero aquí andamos. Espero disfruten la historia, salio de la nada mientras observaba unos videos en la internet :$.

Esto es demasiado, no puedo más… estoy a punto de ser derrotado por un formidable oponente, no pude oponer resistencia, me ha superado completamente… incluso ahora estoy esperando a que me de la estocada final y así acabar con este sufrimiento.

Abro los ojos y veo el televisor encendido, un control de videojuegos en mis manos, una pequeña manta en mis piernas y un terrible dolor de espalda- ¿a que hora me dormí?… creo que debo dejar de jugar un rato…-me levanto apagando los aparatos y abriendo las cortinas entrando un poco de luz lunar- esta escena parece cliché-pienso riéndome un poco a la vez que me estiro observando el cielo estrellado, es rara la ocasión que veo un escenario de ese tipo.

Camino al pequeño escritorio al lado de mi cama, enciendo la luz de la lámpara y empiezo a revisar un libro de cuentos que me regalaron en mi cumpleaños, me detengo en un breve prologo: “esta historia cuenta la vida de un chico, que verá muchas aventuras en solo una noche de insomnio y videojuegos… empezando por un pequeño dolor de espalda…La Princesa y el Conejo”.

¿La princesa y el conejo?, me suena conocida esa historia, de hecho muchos de mis amigos dicen que esta buena e interesante; a mi se me hace una historia de amor hecho por un muy enamorado escritor o alguien quien solo quiere llamar la atención de una chica-aguanto una carcajada por lo que acabo de decir para no despertar a mi familia y vecinos. Burlonamente empiezo a leer la historia del chico conejo, aunque me cuestiono un poco el prologo de la historia… no creo que sea el de este famoso cuento.

El chico conejo es un mago autoexiliado para no recibir mas burlas sobre sus peludas orejas de conejo… el viento nocturno mece a los arboles, para algunos dando temor este acto, para otros no dándole demasiada importancia al asunto. Por mi parte me engancho el cuento. Se encuentra cansado de viajar, quiere descansar un poco, encuentra a una princesa en un solitario castillo, rodeado de montañas nevadas… si… entiendo bien… no leeré mas por el sueño que me esta ganando…

Dejo el libro en el escritorio, apagando la lucecita, recostándome en la cama y quedando dormido instantes después que mi cuerpo toca la cómoda superficie de las sabanas…

Despierto en un hermoso valle, el verde brillante del pasto, las flores de todos tipos y colores, algunos arboles bien podados, el cielo azul con blancas nubes surcando el cielo junto a algunas águilas quienes buscan alimento, poniéndome de pie algo confundido empiezo a buscar pistas sobre el lugar en el que me encuentro. Bajo la sombra de un pino veo a una chica con un largo vestido de princesa blanca, de piel morenita clara, no hay reacción alguna, parece estar dormida; en sus rodillas tiene un libro abierto. Que linda-pienso al observarla detenidamente hay un perro de color miel recostado a su lado.

Veo a todos lados ya que esta escena me parece algo familiar, escondiéndome en el alto pasto, al tiempo que noto que un chico de chaqueta marrón, pantalones negros, grandes guantes en sus manos del tono de su chaqueta y una gran oz en su espalda acercándose a donde esta la chica-este tipo le va a hacer algo… o…-antes de decir palabra alguna deja su arma recargada en el árbol, postrando su cabeza en las piernas de la dama quien al sentir el peso de su compañero le sonríe adormilada quitándole un sobrero que no había notado instantes antes dejando ver unas largas orejas de color blanco que salen de la cabeza del chico.

Dios… ¿será que… estoy en ese cuento?… es imposible, debería estar dormido en estos instantes, mañana hay escuela-pienso al mismo tiempo que me doy un pellizco fuertemente- ¡auch!, eso dolió… ¿Qué cara…?-veo a mis alrededores aun de madrugada, la luna a punto de ocultarse en el horizonte para darle paso a la inevitable mañana y al curso del tiempo. Me levanto de la cama y tomo el libro justo en la pagina donde vi la escena de mi sueño, la princesa dormida y el conejito recostándose en sus piernas observándose con mucho amor. Una ligera sonrisa se esboza en mi rostro, cerrando el libro para empezar a arreglarme para ir al colegio.

No recuerdo bien que hubiera esa escena en el pequeño cuento que me dices-un mensaje de texto de una amiga mía haciéndome dudar un poco, revisando el libro de nuevo. Para mi sorpresa esa parte de a historia ha desaparecido, siendo que la vi no hace 10 o 15 minutos. Que extraño, debió ser mi loca imaginación-me digo metiéndome al baño para tomar una ducha-debo dejar de dormirme tan tarde jugando o leyendo…

La princesa y el conejo… te adoro-le susurra al conejito en su oído mientras este duerme con la cabeza recargada en sus muslos, la pequeña Dasha recorre el largo paisaje jugando con todo lo que le llama la atención, regresando de vez en cuando, como un pequeño infante quien va descubriendo el mundo y todo le asombra-y yo a ti-responde el chico conejo abriendo los ojos brindándole un tierno beso en los labios de su princesa, la cual por su reacción se nota que se sonroja y apena un poco. Tonto-alcanza a responder con nerviosismo en su ser…